Un pie sobre la red. El agua hace ondas debajo mío invitando a reflexionar, o tal vez a orinar. Siempre vengo a este sitio en busca de aire, en busca de alguna estrella que cae. Si miro al cielo la bóveda está pintada de cientos de puntos titilantes. Y espero que uno caiga, y con ella me traiga un deseo. No importa cual deseo, sólo un deseo o miles.

Vine acá, a la proa, en busca de la silla que un par de horas atrás deje esperando un dueño. Había estado en mi estancia haciendo las maletas, faltan quince días para que me vaya. Pero como un hechizo de tiempo o algún conjuro arcano espero que al hacer las maletas acelere el tiempo. Es que la verdad estoy cansado. Antes de escribir me tome un sorbo de un blue label que había encontrado, lo último que quedaba, como para desencadenar el ritual del tiempo y subí en busca de la silla.

Al llegar estaba ocupada. En esta oscuridad azulada apenas reconocí quién era  el nuevo dueño cuando estuve a escasos pasos. Era Bogdam, fotógrafo rumano que vive en Alemania. Ayer vi sus fotografías y una pregunta natural salió y era: ¿Qué mierda haces acá? Al menos yo sé que hago acá. No sé si escribo bien; no dibujo bien; no sé tomar fotos bien; no sé despegar un avión. En fin, todo lo que me gusta no lo sé hacer bien. Así que me vine para poder salvar mi vida del descalabro económico, sin poder hacer mucho por el descalabro mental. Mis sueños son sólo sueños bajo las estrellas, tan lejanos que uno no sabe si ya murieron hace tiempo pero su luz sigue llegando.

Me preguntaba esto en voz alta cuando me senté al lado de Bogdam. Él solo se paró y pasó su mano sobre mi cabeza desordenándome el pelo. Al menos eres un buen amigo. Dijo al irse. Buen amigo o no, es la segunda vez que hacen eso con mi pelo ¿Es que acaso me ven como un hobbit o qué?

En adelante, como siempre no sé qué será de mi vida. Quiero hacer lo que quiero, ser libre sin estar atrapado a las voluntades de los demás pero este mundo es un mundo colectivo, donde el paria está condenado o a colectivizarse o a desaparecer en su eterna lucha que tiene visos de autodestrucción.

Tal vez el modo de ser un buen rebelde es comprarme mis lentes de carey y leer lo último promocionado en alguna gaceta intelectual española, donde diga que ese libro lo leen todos los intelectuales. Tal vez es ser educadamente cortés con el que ostenta poder, despectivo con el ignorante por condición social. Tal vez ser buen rebelde es acudir a cuanta marcha colorada exista. Suscribirme a idealistas.org y hacer mi altruista donación mensual. Buen rebelde seria tal vez decir que el Israelí es la victima mientras que el palestino el victimario y eso porque lo leí en el foro más rebelde auspiciado por CNN.

Tal vez ser buen rebelde es fumarme un porro de marihuana y gritar: vivan los Rolling Stones y Jimmy Carter. ¿Pero qué hay sí yo solo quiero poner mis pies sobre la red que cubre la piscina semivacía? ¿Qué hay si simplemente no quiero saludar al superior que sin consideración me faltó al respeto? ¿Qué hay si en lugar de caminar por la calzada quiero sentir el crepitar del gras bajo mis pasos?

Sonríe, es lo que me dicen. Trágate lo que tengas que decir y haz lo que ellos dicen que hagas. Así como eres no llegarás a ningún lado. Y lo sé no creo que lo haga, pero siquiera soy yo mismo.

Al menos el capitán me invito un café el otro día.