Yo crecí en cuentos lejanos, con la espada de runas grabadas, que a las bestias extrañas bajo enormes árboles centenarios corría batidas. Tú, con un arco en la mano una flecha élfica a la espera en los oscuros bosques perdidos en las mañanas brumosas acertaba.
Mi cota de malla anda marcada por miles de batallas, tajos y magulladuras que todavía no le quitan la leyenda al mágico enano que la forjó.A veces parece intacta, otras casi vencida pende del cuero que la sostiene. Mas siempre terco es su temple, y aunque olvidadas sus historias ahí se mantiene.
Los dragones rojos aguardaban, y aún ahora, en las guaridas de castillos derruídos, donde elfos y reyes se enfrentaron por la gloria y nos esperan fraguando llamas que laceran las carnes y menguan las esperanzas.
Mas poco importó cuando nos encontramos. Y ahora en los páramos por donde andamos, con el tahalí y el escudo a la espalda, las manos fuertemente agarradas en el viento, dejando huellas en desierto donde los blancos huesos quemados al sol muestran a los caidos.
Tú y yo, un anhelo que todavía parece inconcluso, un baticinio de eternidad, una idea, un sueño real entre miles de sueños que parecieron definitivos. Mirar atrás casi no deja nada, mas trae mucho. Mirar adelante es un vaho que se intenta alcanzar con la mano. En el laberinto de la espera,
con el hilo de la espectativa, y la bestia acecha como la duda.
El golpe es certero, los dados parecen ciertos, la verdad esta dicha para caminar juntos… Hasta que a las arenas del desierto se las lleve el viento.