El sonido susurrante del metal engrasado pasa raudo a un lado. Volteas la mirada movido por la curiosidad para ver una bicicleta alejarse cruzando la calle que acabas de dejar atrás. Por la avenida vacìa un taxi blanco gira. Pasarà por donde también pasará la bicicleta.
El agudo chillido de un frenazo rompe el silencio. Algunas aves levantan vuelo batiendo las alas asustadas. Las cabezas curiosas giran. El tiempo parece mas lento y los sonidos se desvanecen. El tipo de la bicicleta vuela por los aires moviendo pies y manos. Uno, dos, tres, cuatro pasos en el éter hasta tocar tierra de pie.
Ágil y atlético gira sobre sus talones. Se acomoda el casco, se saca los lentes, se toca la cara. No lo puede creer: la bicicleta de 1.500 dolares, tendida en el suelo, agoniza con el tic tic tic tic del girar retorcido de sus ruedas maltrechas bajo el paragolpes intacto del verdugo. No importa cuánto ejercicio hagas, ni cuanto esfuerzo gastas en lo que te gusta. Tu pasión favorita depende de la fuerza con que un Toyota Carina blanco te golpee.
Marzo 7, 2009 at 7:09 am
No me gusta nada este post,en 1er lugar porque me ofende directamente como ciclista y en 2º como soñadora que me considero.Si bien es cierto que los sueños más bonitos y hermosos son los que se desvanecen con la fuerza y la velocidad con la que un Toyota destroza a una bici,también es cierto que una persona hábil,atenta al manillar de su bicicleta y a lo que a su alrededor pasa,puede superar el obstáculo más grande y salir ileso,incluso conseguir que sea el despiadado verdugo el que acabe maltrecho mientras tú sales ileso…
Marzo 25, 2009 at 7:04 pm
yo creo que al ciclista en cestión tampoco le gustaría por: cómo quedó su bicicleta, su orgullo, cómo voló por los aires y cómo insensiblemente fue descrito en esta nota