Parte de su tierra natal en las espesas selvas que se extienden hasta el mar del otro lado de las montañas, huyendo de un pasado que siempre para él fue un tormento. Un viejo ermitaño le dice que viaje a las alturas, donde el cielo toca con las montañas y hasta se puede caminar entre las nubes, al menos ese lugar dice ser menos peligroso que perderse entre la jungla.
Así emprende su largo viaje tratando de alcanzar las cumbres más arriba, cruzando por diversos pueblos y muchos peligros. En las pampas de las alturas descubrió lo que es la soledad, y sospechando las intenciones del viejo de convertirlo en un ermitaño, decidió a no rendirse y no conformarse con la estadía en las montañas. Escuchó cuentos sobre un gran lago, tan grande como todo el mundo entero. Es tan enorme que le dicen que el mundo entero es agua y se vive sobre islas.
Entonces se dirige en busca del mar, llegando a los terriblemente secos desiertos costeros. Recorre la interminable franja de arena de sur a norte siguiendo la pista de unos ojos, que una tarde vio partir en una embarcación que dejaba atrás un ruinoso puerto en los páramos del desierto.
Hasta que por fin los encuentra en una ciudad de pirámides de barro muy al norte, donde las aguas son azules. Empezó casi niño, pero ahora ya era un guerrero. Partió luego por el mar que tanto había buscado, rumbo al oeste a tierras tan lejanas que ni la fantasía la encuentra. Nunca más se lo vio el en mundo conocido. Pero esta historia llega a nuestros oídos porque así como él, muchos hombres emprenden caminos muy largos, parten en busca de costas lejanas y luego regresan trayendo historias de un hombre que alguna vez cruzaron, y provenía de algún lugar en el centro de una selva entre dos ríos.
Junio 12, 2008 at 12:42 pm
VERY GOOD!!
Julio 12, 2009 at 9:06 pm
Me identifico plenamente con esta historia, porque la capacidad de aventura pocos la tenemos por puro miedo y porque nos acostumbramos a vivir encerrados en nuestro propio mundo.
Romper paradigmas, dejar nuestro mundo, aprender algo nuevo cada día nos hace ver al final de la vida que valió la pena vivirla.