Estaba yo sentado en frente de este monitor de computadora, acababa de comer y me disponía a buscar en la web algunas cosas que tenía pendientes. De pronto me detuve, miré a mi izquierda, era una tarde de verano tan tranquilo y silencioso como nunca. Vi mis cortinas mezquinamente cerradas para impedir que los rayos no me dejen leer bien en la pantalla. Me acerqué para abrir las cortinas.
Y la tarde se puso de un dorado tan intenso como pocas veces había presenciado. Los rayos del Sol hacían más verdes las copas de los árboles en frente a mí. Estos se vieron como destellos etéreos salidos de cuentos de los elfos, era como viajar a tiempos ancestrales perdidos en la memoria del propio creador.
Un atardecer como este, encontrado por la casualidad en frente de mis ojos, un día cualquiera que apenas tomamos en cuenta la vida misma, me dio de lleno en las pupilas, y aunque fuese este un último día para ver lo que tenía delante de mí, me recordó a los sueños que alguna vez tuve de campos de estío, y que sólo en mi mente se quedaron. Pero esta vez el Sol me lo mostró para que no olvide jamás que existe.
Junio 12, 2008 at 8:21 pm
me parece bien este sitio ay muchas cosas que aprender de aqui y bueno ay que leerlo detenidamente para entenderlo bien de todo lo que dice