Un buen día, estando en la clase de sociología en la universidad, al profesor, muy erudito él, se le dio por hablar de las generaciones de jóvenes que a lo largo del tiempo han ido marcando nuestro rostro, e hizo referencia a todos aquellos nacidos en los finales de los años 70, habían sido niños en los 80 y así sucesivamente. “Estos. Dijo, son los llamados la generación “X”. Una generación que aparece abatida sin ningún derrotero claro a seguir, de oscuros renegados sin metas. Ustedes en cambio. Siguió, los que nacieron en mediados de los 80 representan a la generación “Y”. Una generación con muchos bríos, ambiciosos y metas definidas; no una generación perdida.
Mientras aquel profesor daba su cháchara, el sonido de su estridente voz comenzó a hacerse cada vez más lejana y comenzó a desfilar ante mí una serie de imágenes que me eran muy gratas. Eran imágenes que había visto muchas veces por la televisión en su debido momento. Como un ‘fade in’ aparecieron primero unos niños en ropa interior alineados sobre una línea de montaje que caían a un depósito como productos industriales. Seguido, la imagen cambió a la de un muchacho muy joven parado enfrente a una enorme multitud, que me pareció Irlanda en la época del IRA, sostenía una bandera mientras cantaba algo de un domingo sangriento. Muy al fondo pude escuchar al profesor hablando de la terrible generación X, mientras que las imágenes seguían desfilando ante mí. Esta vez pude distinguir una en blanco y negro, donde unos melenudos cantaban con mucha rabia acerca de una mina terrestre que había arrancado a alguien sus brazos, sus piernas, su propia vida. Las imágenes siguieron cambiando con rapidez, distinguí otra también en blanco y negro de unos que cantaban acerca de un hombre en una caja, luego apareció la imagen de un anciano muy arrugado con una llave en la mano. Luego vi la animación de un niño ecapuchado quien suelta moscas dentro de un circo, también distinguí a otro niño quien parado frente a todos en un salón de clases se mete un tiro por la boca. En ese momento todo se detuvo.
No les puedo negar, algo crecía dentro de mí, era como rabia, amor y alegría al mismo tiempo, tenía ganas de reír por lo contradictorio de la situación. Me vi jugando Maxplay, Nintendo, Super Nintendo; escuché Metallica, Nirvana. Me burle de Kiss como alguien que se burla de lo más gracioso y ridículo del mundo; odié Depeche Mode. Quise ser Scott Weiland, lloré con Blind Mellon, me enamoré con 1979 y… bailé el Meneito… Dios.
Me vi sentado en ese salón de clases enfrentado a un profesor, cuyos bigotes de mala imitación del señor del Monopolio, se movían sin cesar frente a su ensimismada audiencia. Pude notar como algunos, y no pocos pechos, se hinchaban de orgullo, si no es de alivio por formar parte de la siguiente generación a la X. En mi mente, y digo en me miente porque no lo hice, me vi parado frente a mi querido catedrático, refutándole con razones físicamente contundentes y no académicas de que se equivocaba. Me limite solo a quedarme sentando, con una sonrisa interior, con cierta pena por algunos también, entre ellos el profesor, quienes sin saber se habían perdido mi generación, la generación X.
Marzo 17, 2008 at 9:18 pm
ojala! algun dia veas la Pelota de Letras de Andres Lopez…muy bueno!!!