Otra vez mirando de la persiana de una habitación prestada la puesta del sol. En el horizonte una isla enorme que asemeja una ballena blanca. Moby Dick asoma sobre el mar tan quemada por el sol. Tal vez una barca surca un océano que no es mío. Una tarde que podría ser de tedio inunda los sentidos que a su vez son incoherencias del tiempo.
Nadie, más de lo que tengo acá, nota los trazos de mi mente. Tampoco son ideologías ni destinos. Son minutos perdidos en un laberinto donde el minotauro se cansó y desapareció para siempre. Hay una madeja en la mano, pero nunca fue atada al comienzo. Enrollada sobre un palo no hay por dónde fijar la salida.
¿Es mejor salir a la ventana nuevamente? Salgo y afuera todo es bonito. Ninguna tiene dueño y todos manejan sus propios destinos. Lo que haría parado fuera sería lo mismo que hago acá. La misma nada, pero sin este calor de imitación veraniega. Si, me volví loco antes de nacer, hoy lo corroboro, ayer y mañana también.
¿Quién dice que es así? Este es el final de una pintura en la pared, un trazo en el desierto llevado por el viento. Mas es el comienzo de este interminable círculo que parece universal. Otra línea dibujada después de ser borrada. La misma, tan exacta a la anterior. Un grito en la oscuridad, un golpe al vacío en el que algo retumba. Tú, sólo tú.
Enero 27, 2009 at 6:14 pm
Yo te ayudaré a salir del laberinto…toma siempre el camino de la izquierda!!tienes que ver mi peli favorita de los 80 con David Bowie El Laberinto…Y no se en que punto te volviste loco pero bueno yo lo corroboro tb jejeje.