Odio Word, ¿lo sabían? Pues sí, lo odio con toda mi alma. Es el enemigo número uno por el cual detesto escribir por computadora. Para mí es un programa complicado, por demás aburrido y adormecedor. Al escribir en Word me siento viendo la cara de Bill Gates, con sus lentes y su sonrisa de nerd en frente de mí y yo reflejando en sus anteojos al cobijo de un salón inerte y desamoblado alumbrado por largas barras de luz fluorescente.

Solo vean sus barras de herramientas, que nunca hacen lo que supuestamente deberían hacer. Hasta el simple hecho de colocar una imagen se convierte en una especia de parto mental para el usuario promedio. Es decir el usuario no experimentado, un ignorante del noventa por ciento de las herramientas, trucos “short cuts” botones símbolos fórmulas, teoremas postulados y demás cosas que se debe saber para usar a la perfección este programa.

Se supone que este artilugio de códigos numéricos, es decir este software, fue creado para hacernos la vida más fácil, menos complicada y ahorrarnos el tiempo que gastaríamos escribiendo en una máquina de escribir antigua o en alguna otra herramienta de escribir existente por ahí. Pero no lo es. ¿Han intentado hacer una simple tabla y tratar de modificarla sin que ésta se deforme por completo? ¿Han sido capaces siquiera de mover o modificar la tabla una vez creada?

scared-monkey.pngHa pasado que algún familiar, hijo, sobrino, hermano, etc. estuvo haciendo algún deber en la computadora, y al pasar por ahí lo que escuchó fue un chasquido con la lengua seguido de un golpe de frustración al escritorio. A mi me ha pasado cientos de veces. Displicente yo, me he acercado a ver lo que ocurría y me encontraba con el desolador espectáculo de ver una enorme imagen en medio de lo que segundos antes había sido un ordenado texto. Y me doy con la sorpresa de que al tratar de mover la imagen esta parece soldada al papel virtual. Luego, por arte de magia, cuando ya casi se esta al borde del llanto colectivo aparece las propiedades de imagen y hace clic en la imagen que simula ser un perro tras unas persianas y oh! Sorpresa, ésta se encuentra ahora detrás el texto y no la puede seleccionar. Entonces descubre una flechita curveada que señala para la izquierda y usted intuye que es para retroceder los pasos, pero antes de hacer clic en ella, es mejor asegurarse, así que graba. Presiona la flechita y sus pasos se repiten a la inversa hasta desaparecer el horrendo “clip-art” que se había colocado. Lo que suelo hacer ante estos casos es dar una consoladora palmada en la espalda y concluir con un rotundo: “Está mejor sin esa imagen”.

word_clipart.jpgHablando de los clip-art, cualquier tipo de arte pictórico es un excelente medio para trasmitir sensaciones. Son fragmentos de la forma que el autor de las mismas ve el mundo. Las imágenes que Word trae consigo son de las peores que uno puede encontrar en el mundo de los clip-art. Son simplemente frías y tediosas. Las que aparte de generar una sensación de claustrofobia de oficina, invitan el suicidio mental y físico. Me imagino a los autores de estos clip-art al momento en que las imágenessteve-jobs1.jpg fueron creadas: Un grupo de duendes esnobs, copias fieles del amo en miniatura, de camisa a rayas y corbata azul delgadas, trabajando arduamente en sus diseños para luego presentarlos ante el directorio y ante Bill en un frió e insípido proyector de Power Point. Y los veo festejando hasta el alma cada gesto de aprobación que éste hace ante cada diapositiva. Es por eso que cada vez que veo la iconografía de las Apple Mac pieso: “Ese Steve Jobs debe ser un tipazo”.

Al estar frente a Word me siento como un simio encerrado en una inerte, fría y muy iluminada bóveda de banco; sentado en una silla de aluminio frente a millones de botones tratando de adivinar cuál de ellos liberará la puertecilla que contiene el plátano. Si, para algunos usar Word les es fácil, mas no es mi caso. Ciertamente con todo lo dicho anteriormente podría parecer un “dummie” en programas de computación, la verdad lo dudo. Más bien creo que simplemente odio este programa. De ser un experto en Microsoft Word, me sentiría como el simio sentado dentro de la bóveda, en el mismo escenario, pero esta vez sabiendo cuál es el botón que libera el plátano y cuál libera el maní.