You are sitting down in the bow looking far, far away until the end of the sea. The cold wind hits you chilling your bones. You have a drink on your side, your memories on the other. A thousand of voices from a thousand places; another thousand people around you going and going. If you look at them, everyone is fighting a war inside. Take it for granted, nobody is winning.

You take another zip of your drink swallowing it as the last drop in a desert where nobody hears you. The voices still around, haunted cries in a metallic Babylon.

Getting into a song, you close your eyes. The ‘Diamond Sea’ plays through your earphones bringing back more memories, creating new ones from this day.

Somebody gets close to you; ask a question, most likely if I have a lighter or matches. Perhaps, as a rare event, that one will going to bring up a small part of her life, just a glance of the living part as a valve that gets the steam out to avoid explosion; to avoid madness. You just listen. What else can you do?

Waves hits the metallic hull, bringing you and the thousands of hundreds tons of metal up, then you go down hitting back the sea. You can hear the splash of the water and the trembling of the iron in the ongoing battle between the things made by metal, doomed to be rusted and the immensity of the ocean. You just close your eyes and let yourself go with this never ending pitch.

Then you open your eyes again, and the blue sky is there, cottoned by centuries of clouds resembling all the shapes that you can imagine. If is during  the night, then trillions of stars opens to you in the shadow of the sky. Above you can follow the Milky Way, the sane that Magellan, the Arawacks and Colon followed once, back in the time of the real men.

Perhaps that day you were watching the news, just a little bit earlier and they were talking about Igor, Earl and others. Then you go out and there they are, building up just in front of your eyes.

A vortex of spinning clouds overweighed with steam and drops clashing each other. Enormous white, gray and and black, very dark gray towers going up to twenty thousand feet high releasing lightning bolts and chilly rain. All around from starboard to portside the vessel looks like a white carcass swallowed by a violent grayness on a shadowed blue and winded sea. If you try to make your way to the very end of the bow the wind and rain blinds you pushing you back.

In an average day though, you can stand there, then you’ll find yourself in front of three hundred meters of white painted metal with over three thousand of other souls behind you pushed forward by six huge engines, each one with the size of your house.

And the sea is coming towards you passing under your feet and you can hear the splash and foam disappearing behind gone forever, to come again.

There, the wind blows on your face washing everything out. You close your eyes again and whatever can happen in your head, you can feel like the ancient Icarus looking down flying with wings made of wax.

You see and feel things that no one else can see and feel. Even if you try hard can’t be explained. And then you’re living this life, the ship’s life on the Diamond Sea. If you know the song and this place, you might know what I mean.

Looking for your destiny -a lonely soul- just like me. Result of a story that doesn’t have a place to be.
Displaced by the crowd that we negate, we try to make our own place on this world which is getting smaller every time.
I don’t belong to any site, just like you, who your identity in a paper says somewhere forgotten in Europe.
Perhaps I’m looking for a place to die. You, whom to die with.
Silenced stories you carry on your shoulders, the desire to be someone who fights with her principles as a sword against untrue dragon, giants, wind mills, that perverted destroy the illusions.
Just swim free into the sea. I’ll keep walking my way, away from your concepts, because the true friendship is like a politic doctrine, it doesn’t exist, a vain dream. Perhaps, like a star that crash with another in the immensity of the space, we will meet again someday.

Me compré un juego de dados. Llegaron en una caja de correo desde algún lugar de tierra adentro. La caja era de papel cartón reciclado, tenia pegada en la tapa la dirección de procedencia y a donde llegaría. Una caja muy grande para un contenido tan pequeño y valioso. Sacudí la caja adivinando su contenido.  Parece que está roto. Dijo la secretaria que me lo entregó. La miré con una sonrisa sarcástica. No puede estar roto, le dije.

Llevé la caja a mi habitación como el más preciado tesoro que me haya llegado jamás por correo. Me senté en una banquita que tengo y mirando la cajita por unos segundos la acerque a mi oído tratando de adivinar su contenido, el cual sabía perfectamente qué era. ¿Estará roto? Me pregunté, como lanzando una ingenuidad que alargue el tiempo de abrir la caja.

Sin tomar más tiempo abrí la caja con una llave. No fue difícil. Y ahí estaba, otra pequeña cajita de plástico transparente y tapita negra. En su interior gemas. Gemas de cristal verde con números blancos en cada faceta de ellas.

Dados verdes como gemas, como los que tanto tiempo usé y a tantas cosas extrañas me enfrenté. Con los que a tantos magos impetuosos, enanos apresurados y ladrones curiosos tendidos en el alabastro pulido dejé. El tiempo ha pasado desde esos días, aunque todavía en mi mente algún enano irrumpe en la puerta de la taberna, con hacha en mano, sólo para pedir una cerveza.

Testigos mundos, mis dados verdes que ahora observo desde mi cama, me dicen que yo estuve una vez en otro mundo y al que ojala, con los viejos camaradas pueda un día volver a ver. Y dependiendo de caso –y del tamaño- huir of enfrentar dragones una vez más.

This is the song of the wasted nights
That you sing at the edge of the dawn
With the rum of the good bye
This is why it sounds so desperate
Come the song of the wasted nights
If you know that everything taste like almost nothing
Like a leotards race of the life
Like a camphor ball slept under the pillow
And have woman’s name
Like loneliness, like consolation
The fugitives of the duty do not find a free taxi to the heaven

This is the song of the wasted nights
It carries a wither flower on the lapel
It goes up to the head like certain drinks
It sticks on the disappointment like a shell
Sing the song of the wasted nights
It burns like the blue flame of the candles
It works to drop vinegar upon the wounds
it lies like the ballads lie
And have woman´s name
Like my heart, like your oblivion
The fugitives of the duty don’t have more love but the one which is gone.

This is the song of the wasted nights
If you want, lets trade it for a moment in your bed
It boils like a stadium in a bull’s fight afternoon
Goes like a kiss in a urgent mail
And have woman’s name
Like the freedom, like the snow
The fugitives of the duty take their curse and then they swallow it all.

La canción de las noches perdidas – Joaquín Sabina

Hace mucho tiempo que dejé de escribir. Sería tal vez un año que mis manos no hicieron presión sobre teclado para publicar algo en mi abandonada página. Nada ha cambiado desde entonces o tal vez sí. Sigo dando vueltas alrededor del mundo en una enorme arca de metal. Miento si digo que es alrededor del mundo, esta vez es alrededor de las Indias occidentales, en otras palabras, simplemente el lado del Caribe que choca con el Atlántico. No lo voy a negar, es muy lindo. He tomado muchas fotos sin sentido sólo para capturar cualquier cosa que este viendo, aunque claro, cualquier entendido de fotografía, los eruditos de la teoría y quienes encantan de vivir poniendo en luces sus conocimientos por sobre la oscuridad de los bárbaros como nosotros,  sacarán a luces la regla de los tercios, la excesiva exposición, los defectos de encuadre y bla bla bla. Pero claro, nadie puede hablar de lo que no ve. Es por eso que sólo cuento que he tomado muchas fotos mas no las muestro. ¿Qué egoísta no?

Caminando por los cortos tramos que he explorado por Saint Kitts, Saint Lucia, Barbados, Saint Thomas y demás santos, se puede ver el tremendo impacto del hombre en los últimos 500 años de historia del Caribe. Los “verdes” -y no sé por qué se llaman a si mismos verdes”- podrían decir sí, se están contaminando los mares, destruyendo los arrecifes, talando los bosques (que ya no hay) y deportando los monos, lo que es cierto. Pero me refiero al terrible impacto que ha tenido el hombre sobre el mismo hombre. Estas son las islas de los Arawaks, de los Caribe y demás etnias.  A decir verdad, estas eran las islas de los Caribes y Arawaks, hoy no existen más. Han sido totalmente suplantados por etnias africanas que durante siglos de dominación colonial fueron arrastrados desde su África natal para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. Dicen 3 mil Caribes todavía sobreviven a los tiempos en la isla de Dominica, sin embargo ni uno recuerda su propia lengua. He salido muchas veces a caminar por las calles de esa isla y no he visto a ni uno, únicamente todos los estilos y versiones de Bob Marley y familia.

Los tiempos han cambiado y la faz de estas islas también. Casi me es imposible imaginar cómo fue el  Caribe en el pasado, antes de que Colón y sus huestes pusieran sus pies en estas tierras. Hoy estas son las islas del ron, el calipso, reggae y los dread locks. Es la tierra que evoca a “let’s jamming” y los cruceros blancos alejándose en el horizonte azul. Si uno busca Caribes y Arawaks en el Caribe no los encontrará. Es mejor ir a América del Sur; están mezclados entre las poblaciones de Venezuela, Guayanas, Colombia o dispersos en toda la Amazonía extinguiéndose poco a poco por el avance de la “civilización”.

El mundo de las macro entidades son conformadas por miles de millones de seres que a escala microscópica realizan labores determinadas y fundamentales para el funcionamiento efectivo de estos colosos que deambulan por el espacio.

Son enormes estaciones espaciales autoabastecidas que se comportan como verdaderos seres vivientes. De alguna manera nosotros mismos vendíamos a ser colosos conformados por miles de millones de individuos unicelulares que trabajando en conjunto nos permiten la vida. En el caso de las estaciones es parecido, el individuo creador desaparece en el anonimato. El sistema es lo que importa. El sistema estructurado no como antaño, un sistema abstracto y desparramado por la superficie de un planeta o una simple construcción. Un sistema que fácilmente podía ser vulnerado, insipiente y muy cambiante. Este en cambio es un sistema tangible, con estructuras enormes de metal y polímero que cumplen funciones claramente definidas e identificables. Que necesita se  de alimentarse y ser constantemente mantenida. Este es un sistema que en sí se constituye en el soporte de vida de los seres “microscópicos” que habitan en su interior. El coloso necesita de sus componentes  microscópicos para sobrevivir, los seres humanos conforman estos componentes, a su vez los humanos necesitan del  “sistema” para sostenerse en vida. Cada elemento móvil es integrado y dependiente del siguiente elemento los cuales cumplen funciones determinadas.

Si el sistema colapsa, salvo escasas excepciones, la vida en su interior también colapsa. Esta es el principio de las colosales estaciones espaciales que deambulan por el espacio buscando a toda costa sobrevivir.

El canto que te emociona,

Si sólo pudieras escucharlo.

¿Por qué no puedes oírlo?

Sólo sabes que existe.

En el temor de tu mente hay una llama que arde

te consume la arcilla de tu pared tapiada.

Anhela ahora el beso de una fría esperanza,

Siente el amor de tu propio ser cuando

sólo la arena de la piedra

vuele al viento

…Desenfundas tu espada, tu destino se acerca.

Vuelas hacia lo oscuro en los campos azules.

En noche de Luna llena a buscar tu destino,

fuera de tu realidad, dentro de tus sueños….

Vi estrellas; vi la luna; vi el sol ponerse. Vi mujeres hermosas devolviendo la mirada. Pero ¿Qué es lo que quiero? La verdad, es que hoy no lo sé.


El viento, siempre el viento. Es lo primero que uno piensa cuando no hay nada en la cabeza para hilvanar las ideas y éste te golpea en la cara. Como el manifiesto del infierno, uno quiere describir en sólo un momento todas las miles de sensaciones que se trae consigo desde el interior. Es como el magma de un volcán que quiere estallar pero que no encuentra el camino.

Vi estrellas; vi la luna; vi el sol ponerse. Vi mujeres hermosas devolviendo la mirada. Pero ¿Qué es lo que quiero? La verdad, es que hoy no lo sé. Hoy te soñé, pero también te confundí en el sueño con otra persona o con otras más. Y quizás al final, todas las personas eran una. El sueño concluye dejándome un sabor amargo que hoy, cuando el sol se está sentando sobre el mar, se niega a desaparecer.

Los pasos de María se pierden entre el rumor de la gente mientras se aleja. No muy lejos de donde estoy, aquí en la proa, unos indonesios ensayan unas tonadas de rock clásico con sus guitarras. Son buenos ¡muy buenos! Me dejo llevar por el sonido que brota de las cajas de madera, menguando la sensación de vacío que a veces a uno le puede embargar, cuando las distancias son largas para cualquier lado donde uno quisiera estar. Corre una suave brisa de verano en este anochecer boreal. Miro al cielo y algunas estrellas se dejan ver compitiendo con la luna, la que muestra su faceta menguante.

Cierro los ojos y pienso en ti, en cómo te conocí, en cómo es que pasaron las cosas en estos últimos dos años. Muchas cosas y tan rápido todo. A mi memoria vienen los días en que por la carretera me iba miles de kilómetros al norte sin saber a qué. Sólo llevado por un deseo de conocer y en busca de cerrar un círculo con mucho tiempo abierto. Varado en Guayaquil, y buscando rutas te encontré por suerte. Igual, a miles de kilómetros de donde estabas. Por suerte me ofreciste ayuda, muy propio de tu naturaleza. Mas por el destino no te encontré nuevamente. Hoy ando tan lejos, y ya tenemos una historia y sueños.

El rugido de los bow thrusters y la vibración que producen en la proa, me sacan de las estrellas (estrellas que me gustaría conocer, al menos saber el nombre de las constelaciones). Y comienzan los miedos y las fantasías. Tantas cosas que uno puede pensar en esta torre de babel donde a no menos de diez metros escucho como cuatro lenguas diferentes y hasta indonesios cantando en inglés.

María regresa algo más tranquila, por fin pudo verse con el novio tras un par de días sin verse. Es la única amistad real que tengo es este barco de casi mil almas, de las que desgraciadamente uno no sabe en quienes confiar. Creo que aún estando en tierra y en circunstancias diferentes igual la consideraría amiga, salvando lo difícil que es a veces soportar su narcicismo de proporciones titánicas.

Según lo que me dice, al encontrarse con su novio no pudieron más que intercambiar unas cuantas palabras, un abrazo, un beso y fue suficiente para que se sienta mejor. Me parece increíble que estando en un barco, todos encerrados como sardinas en latas gigantes, ella llegue a extrañar a su novio, si se compara con quienes tenemos todo, absolutamente todo, al otro extremo del continente. Pero para cada ser en el planeta, los problemas propios son únicos y los más dolorosos.

El barco comienza con las maniobras para zarpar. El sonido del agua al ser sacudida por las hélices se mezcla con los de la guitarra, con la voz de un indio que le gusta hablar fuerte, y con el de la demás gente. María otra vez me habla de algo que apenas escucho. Mi mente anda en el cielo tratando de acortar distancias que a veces parece tan lejana. Sueño con tierras desconocidas, pasto, tierra seca. Hasta la visión de un camino pedregoso entre las montañas imaginarias se torna relevante. Cierro los ojos nuevamente, el viento me golpea acá donde estoy acostado en esta perezosa, de cara al cielo esperando a que el tiempo haga lo suyo.

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