Yo crecí en cuentos lejanos, con la espada de runas grabadas, que a las bestias extrañas bajo enormes árboles centenarios corría batidas. Tú, con un arco en la mano una flecha élfica a la espera en los oscuros bosques perdidos en las mañanas brumosas acertaba.

Mi cota de malla anda marcada por miles de batallas, tajos y magulladuras que todavía no le quitan la leyenda al mágico enano que la forjó.A veces parece intacta, otras casi vencida pende del cuero que la sostiene. Mas siempre terco es su temple, y aunque olvidadas sus historias ahí se mantiene.

Los dragones rojos aguardaban, y aún ahora, en las guaridas de castillos derruídos, donde elfos y reyes se enfrentaron por la gloria y nos esperan fraguando llamas que laceran las carnes y menguan las esperanzas.

Mas poco importó cuando nos encontramos. Y ahora en los páramos por donde andamos, con el tahalí y el escudo a la espalda, las manos fuertemente agarradas en el viento, dejando huellas en desierto donde los blancos huesos quemados al sol muestran a los caidos.

Tú y yo, un anhelo que todavía parece inconcluso, un baticinio de eternidad, una idea, un sueño real entre miles de sueños que parecieron definitivos. Mirar atrás casi no deja nada, mas trae mucho. Mirar adelante es un vaho que se intenta alcanzar con la mano. En el laberinto de la espera,
con el hilo de la espectativa, y la bestia acecha como la duda.

El golpe es certero, los dados parecen ciertos, la verdad esta dicha para caminar juntos… Hasta que a las arenas del desierto se las lleve el viento.

En el frente el punto en el cielo se hace más grande. Más y más grande con pasmosa rapidez. Se puede distinguir las formas, las alas extendidas, los motores. Pequeños ajustes con los pedales al timón de cola y me alineo a uno de los motores. Las trazadoras pasan a mí alrededor iluminando el cristal de tu cabina. Se puede sentir el sonido de las de algunas balas que dan en mi avión. Muy tarde para pensar en más. Abro fuego; se hace más grande.

Diez ráfagas, del motor de tu presa se desprenden partes. Sigo en línea recta hacia las alas. Puedo sentir el olor del combustible y el aceite ardiendo; la pólvora. Voy recto casi en ruta de colisión. No puedo mover con facilidad el mando a esta velocidad. Apenas paso rozando por debajo de las alas sacudido por las vibraciones. El pesado cuatrimotor empieza a echarse hacia un lado. Sus compañeros se inclinan hacia el lado opuesto. Eran varios en formación, pero sólo me fijé en uno. Fuertes llamas se desprenden de uno de sus motores. Alguien salta por la cola, le sigue uno más.

Yo sigo picando hasta perder al avión de vista. Puedo sentir el aire entrando por algún lugar de la cabina. Por el parabrisas noto un agujero circular; me han dado.

El sonido susurrante del metal engrasado pasa raudo a un lado. Volteas la mirada movido por la curiosidad, para ver una bicicleta alejarse cruzando la calle que acabas de dejar atràs. Por la avenida vacìa un taxi blanco gira. Pasarà por donde tambièn pasarà la bicicleta.

El agudo chillido de un frenazo rompe el silencio. Algunas aves levantan vuelo batiendo las alas asustadas. Las cabezas curiosas giran, el tiempo parece mas lento y los sonidos se desvanecen. El tipo de la bicicleta vuela por los aires moviendo pies y manos. Uno, dos, tres, cuatro pasos en el eter hasta tocar tierra de pie.

Àgil y atlètico gira sobre sus talones. Se acomoda el casco, se saca los lentes, se toca la cara. No lo puede creer: la bicicleta de 1.500 dolares, tendida en el suelo, agoniza con el tic tic tic tic del girar retorcido de sus ruedas maltrechas bajo el paragolpes intacto del verdugo. No importa cuanto ejercicio hagas, ni cuanto esfuerzo gastas en lo que te gusta. Tu pasiòn favorita depende de la fuerza con que un Toyota Carina blanco te golpee.

Las nubes oscuras que amenazaban traer la tormenta sobre las cabezas. Caminé en busca de un sitio para mí, un lugar donde estar solo y ver sin que me digan como ver. La gente me hablaba de cosas que no se, o tal vez no me interesan. Buscaba un espacio entre el cielo nublado y mis ojos, eso era todo.

Encontré un balcón y una silla vacía, como esperando que alguien se siente. En realidad eran dos sillas, una montada sobre otra. Las desmonté y me senté a mirar el horizonte: Casas de colores, montañas peladas. De pronto alguien vino, por un momento me trajo al balcón nuevamente. Me preguntó si podía usar la silla vacía. Si, Le dije. Se sentó mas allá, dándome la espalda fuera de mi vista.

Seguí en lo mío. Una iglesia blanca de cúpula ovalada, algo arabesca, muy hispana, como las que se encuentran en todo el continente dominando las casas. Un puente transitado por veloces autos con destino anónimo. Tubos oxidados, aves cruzando entre lo que veía y mis ojos. Veleros viejos, un rio putrefacto y un hotel color rosa imponiendo presencia en el paisaje. Vi gente caminando como hormigas de un lugar a otro, hablando, riendo y yo ahí; en el balcón, tratando de imaginar donde poner una foto impresa en blanco y negro en mi cabina.

Parte de su tierra natal en las espesas selvas que se extienden hasta el mar del otro lado de las montañas, huyendo de un pasado que siempre para él fue un tormento. Un viejo ermitaño le dice que viaje a las alturas, donde el cielo toca con las montañas y hasta se puede caminar entre las nubes, al menos ese lugar dice ser menos peligroso que perderse entre la jungla.

Así emprende su largo viaje tratando de alcanzar las cumbres más arriba, cruzando por diversos pueblos y muchos peligros. En las pampas de las alturas descubrió lo que es la soledad, y sospechando las intenciones del viejo de convertirlo en un ermitaño, decidió a no rendirse y no conformarse con la estadía en las montañas. Escuchó cuentos sobre un gran lago, tan grande como todo el mundo entero. Es tan enorme que le dicen que el mundo entero es agua y se vive sobre islas.

Entonces se dirige en busca del mar, llegando a los terriblemente secos desiertos costeros. Recorre la interminable franja de arena de sur a norte siguiendo la pista de unos ojos, que una tarde vio partir en una embarcación que dejaba atrás un ruinoso puerto en los páramos del desierto.

Hasta que por fin los encuentra en una ciudad de pirámides de barro muy al norte, donde las aguas son azules. Empezó casi niño, pero ahora ya era un guerrero. Partió luego por el mar que tanto había buscado, rumbo al oeste a tierras tan lejanas que ni la fantasía la encuentra. Nunca más se lo vio el en mundo conocido. Pero esta historia llega a nuestros oídos porque así como él, muchos hombres emprenden caminos muy largos, parten en busca de costas lejanas y luego regresan trayendo historias de un hombre que alguna vez cruzaron, y provenía de algún lugar en el centro de una selva entre dos ríos.

Seran las 10 y tanto pm. aca, algun puritano dira: Este tipo que mal escribe que se come las tildes. Sera que es cierto. Me tome un tiempo de mi turno para escribir algunas palabras mientras el barco espera millas afuera de LAX (asi llaman los gringos a Los Angeles ahora) hasta manana que atracaremos.

Como se vera me faltan las tildes y las ñ, pero debo escribir rapido porque me tome mi turno y me meti en la oficina del jefe y no puedo deternerme en el ALT + 164 como algun seguidor de la R.A.E. quisiera. Hoy estoy super cansado camine unas 8 cubiertas arriba de adelante para atras de atras para adelante, cada cubierta son docientos metros. Poco verdad? Ojo, aca en este teclado tambien me falta el otro signo de interrogacion, y no me da tiempo para andar buscando el shorcut.

 Cosas tan simples como unas cuantas letras nos separan a veces entre las gentes del mundo y se hacen notorias en momentos en que uno menos se lo espera, como ahora por ejemplo que trato de escrbir en un teclado en idioma ingles. Claro el super entendido criticon y erudito me dira: Hey pero con Alt+shift y no se que mas puedes cambiar el idioma, pero si hago eso manana me cae la gritada por cambiar el idioma de la computadora del capo.

Casi hoy no hay reflexion en mi mente, solo miles de cosas que quieren salir como el agua de un dique pero tengo que resumir, o tal vez meter todo como sea que salga porque… Estoy sentado y escribiendo de donde no debo, o tal vez si, pero en mejor pensar que no debo. Uno quiere decir algo, esta vez no por donde empezar, ni a donde llegar.

Aca hay gente de todas partes, indianos (indus) que huelen azafran (Recuerden no puedo hacer la tilde) comen tanto esa cosa que su olor es picante. Aca en una gracia burlarse de ellos en secreto porque cuando dicen si, mueven la cabeza como diciendo no, la cosa es que en nuestra area se nos dio por reirnos de eso cada que podemos. Si esta mal reirse de las costumbres del mundo lo se, pero de algo a veces hay que cogerse para reir. Los filipinos tienen muchas palabras en espanol (alt+164) pero cuando hablan entre ellos, bueno solo un filipino los entiende. Canadienses, rumanos, serbios, croatas, bosnios, peruanos, colombianos etc, etc, todos juntos diciendonos Hi en los pasillos, algunas veces hipocritamente, algunas veces sinceros, como en todo el mundo. Puede que un teclado o un idioma te separa, pero las emociones humanas son las mimas donde sea. A alguien le caes bien asi sea de la cochinchina, alguien te cae mal asi sea vecino. Como el indio ese de House keepeng (Encargado de mantenimiento) que cada vez que pasa uno lo saluda pero el tipo sigue de largo, mi saludo es demaciado preciado, como el saludo de cualquier persona, como para no responder, por eso cada cinco pasos mas alla digo dam fucking indian (No encuentro las comillas.) Pero aun asi sigo saludando con mi ten feet smile, como me ensenaron aca  y luego le aplico los otros ten feet bullshits, hay que ser amables.

Asi es la vida en un barco, el otro dia gane dos cervezas en una apuesta jugando al pool y fue porque jugando en parejas mi companero era muy bueno asi que de una metio todas las bolas mientras yo metia la pata, a los serbios les quedo pagar. Descubri tambien porque  el colombiano con quien a veces mato el tiempo despues del almuerzo,  perdia cuando jugaba conmigo al pool, y era porque el hijoemadre se dejaba ganar y yo que ya me sentia un profesional.

Queria escribir solo un poco de alguna reflexion de alta mar, y no se que vaina me salio pero me salio como que un conglomerado de cosas que queria decir. Estar aca, lejos de quien se ama, de la famila, de los amigos es duro, pero uno tambien se hace amigos y se vive una aventura. Despues de todo, soy un marinero por accindente o capricho, y la verdad es que no hay nada como estar en la proa (Ojo no como Leonardo Di Carpio) y sintiendo el viento golpeando la cara, ver como el Sol es tragado por el eterno oceano, mientras se escucha el mar rompiendo contra el barco dejando surcos blancos. Y entonces uno dice: Como quisiera que estuvieses aca viendo lo que yo veo ahorita.

(si hay algun otro error mas alla de los que ennumere a lo largo de esto dispensenme los puritanos pero ando con prisa en computadora agena)

Mira el cielo, esta lùgubre.

Lo detesto. Nubes compactas.

Una sàbana mezquina que me quita la luna y las estrellas.

No sè que hacer. Quisiera subir, subir y deshacerme de esta mala imitaciòn de la maldad.

Quiero ver estrellas

Today I just have one thing to say, over the sea and so far away from you, I was on the top of the ship. I wrote your name and there, looking at the sky there was a lot of planes flying upon my head. I miss you so much Nany. Your words and everything that you did and do for me dance inside my head making me stronger.

Es el viento el que choca con la roca, y trae

las historias que un viejo contó hace mucho al pastar sus ovejas

allá por los campos del olvido, cuando el agua dejó de correr

por el pozo de su fuerza.

Era la historia de su niña querida,

que quiso alcanzar las estrellas cogiéndose del Sol

y viò que la Luna celosa la eclipsaba.

-como al entero del vacío de mi mente-

Dándole ánimos le dijo: Ven mi bella doncella, que

mi hermosura por poco eclipsas. Ven que aquí te espera

Lo que por muchas horas anhelas, ese dormir dorado.

Vacío cansancio de la espera vana.

Ideas muertas que rondan del Sin Razón.

Las paredes oscuras y las sábanas ásperas.

Hay un vacío en tus ojos cuando algo me apresa el pecho.

El calor como de trulla, escoria soy que espero

zozobrar mas no fundir.

No hay nada más.

Espera a que el calor de la lana,

sábana huraña de ira

ruegue a las hadas que mueras.

Para que el polvo de tu cansancio

consiga que tus paredes sean tus aliados.

De muerte insensata no piensas,

porque hay negra sangre en tus entrañas.

Como vino que no te embriaga, solo quieres una cosa.

Y es dormir.

( Ivàn Wong Ròdenas, Cuaderno Amarillo, 1997-1998 )

A muchos años de los días y las noches en que acostado en mi cama escuchaba música de la radio Sony, hoy recuerdo que había unas canciones en particular que me gustaban mucho, no porque entendía sus letras o porque me recordaban a un aspecto particular de mi vida, sino, eran canciones que hacían todo lo contrario, simplemente no me recordaban nada. Solo me hacían sentir que podía palpar otro mundo, mi propio mundo imaginario.

Echado en mi cama, con la mirada perdida en el techo de mi habitación, apenas iluminado por la luz de mi maltrecha lámpara, mataba el tiempo escuchando algo de música, esperando a que aparecieran las primeras tonadas que me indicasen que eran las canciones que estaba aguardando, lo digo así porque rara vez los operadores las anunciaban. Luego de pronto aparecían. Cerraba los ojos y el mundo se desvanecía. En esos tres o cuatro minutos que duraban me podía ver ascendiendo por empedrados caminos de oscuras montañas, en traje de cuero y lino raído y manto de lana, llevando una espada en el cinto. Me sentía caminando entre milenarias ruinas ganadas por la vegetación, sentado sobre lo que antes pudo ser un altar pagano ahora derruido, o simplemente observando atardeceres de verano, noches azules de luna llena, o enamorado mil veces de una ninfa semidiosa de un bosque olvidado.

Hubo muchos mundos imaginarios que solo se creaban bajo el cobijo de unos pocos minutos. Las historias se tejían en mi mente como capítulos que esperaban a la próxima vez que la radio emitiera las canciones. Historias que en si, tenían un halo trágico porque sabía que en algún momento las estaciones, como es natural, las iban a dejar de difundir, o al menos no con tanta frecuencia. Era cuestión de esperar el momento y aprovechar hasta el último instante.

Habían ocasiones en que ensimismado en mis mundos, podía escuchar como del más allá el timbre de casa, el silbido o incluso alguien que me llamaba por mi propio nombre, cuando algún amigo me buscaba, entonces haciendo un pequeño esfuerzo podía ignorarlos y regresar a mi “realidad” y seguir viendo las imágenes borrosas de mi mundo.

Más que imágenes, o historias, eran sentimientos de algo, sensaciones que la música ampliaba. Podía sentir al mismo tiempo pena, nostalgia, alegría, triunfo. Todo mezclado con escenas que rápidamente cambiaban una de otra y que luego mi mente daba sentido o pretendía hacerlo para darle cierta justificación. Terminada la canción volvía en mí, el timbre sonaba con más claridad así como las voces de mis amigos que esperaban. Salía entonces con cierta satisfacción de no haber dejado pasar ese precioso momento.

Recuerdo por esa época que, los amigos con que iba a las fiestas conmigo, sabían que me gustaba un grupo de pop y siempre que las ponían era de mis favoritas. Pero una en particular tenía la cualidad de la que hablo, y claro, era la que con menos frecuencia tocaban, sería tal vez por ese toque nostálgico de “Happy Nation” no era tan fiestera como las demás, que claro también me gustaban, como muchas otras canciones que me agradan y me gustarán por los tiempos de mi vida; como a todos. Pero cada vez que la colocaban siempre salía a bailar y en ese momento bailaba solo, sólo porque la mostrita que fungía de mi pareja de baile - dijo mostrita porque casi siempre lo eran: mostritas desconocidas o mostritas de la casa - desaparecía de escena. En ese lapso mi mente estaba con frecuencia en otro lado y lo disfrutaba.

Así como esa canción hay varias que perduraran en el tiempo, aunque hoy las tenga archivadas en algún rincón de mis recuerdos, no son muchas, pero la sensación que trasmitían en ese entonces no ha desaparecida, tal vez sólo aletargado. Pero hoy sentado frente a mi computadora, un nombre se metió en mi mente de pronto, como una oscura fiera que, al acecho, te salta en el momento que tu menos te imaginas. Era el nombre de una canción o de un grupo que tal vez en los registros de la historia musical no tenga un sitio de más de dos palabras en algún ranking olvidado, pero la recordé con mucho cariño. Hice un par de clics en la pantalla, escribí algo y ahí estaba, enter y esperé unos minutos a que descargue. Después de tantos años, la sensación al escucharla fueron las mismas: otros mundos, unas ganas de llorar riendo, exactamente lo mismo a excepción de que ya no tengo 14 años. Mis recuerdos de mundos antiguos saltaron otra vez, a la vez que nacía esta nota escrita.

Veo las letritas verdes que desfilan en mi winamp donde dice “Snap – Rhythm is a Dancer”. Hago clic y vuelvo a cerrar los ojos.

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